Escape de Venezuela: Refugiados tocan puertas pidiendo comida - y atención internacional

Jun 1, 2018

CÚCUTA, COLOMBIA | Así suena la crisis de refugiados huyendo de Venezuela: los puños, nudillos y las manos abiertas de venezolanos indigentes -y sobretodo hambrientos- tocando las puertas de metal de las estaciones de ayuda humanitaria establecidas en la ciudad de Cúcuta, en el lado colombiano de la frontera.

Dentro de la misión ubicada en la iglesia católica Scalabrini, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas está inscribiendo a tantos venezolanos como puede en el programa de cupones de alimentos o “bonos.” Pero las masas que esperan afuera, clamando, son demasiado grandes y caóticas. Una anciana se desmaya en medio del calor de la tarde y, mientras miembros de la misión luchan por mantener a los demás afuera, es llevada puertas adentro para que pueda sentarse y tomar agua.

"Nunca pensamos que la situación se iba a volver tan abrumadora," dice Gladys Garavito, coordinadora de la misión en Scalabrini, mientras abanica a la anciana. "Ellos necesitan estos bonos de comida para poder usar el poco dinero que tienen para pagar por un sitio para dormir esta noche."

Puertas afuera, eso es exactamente lo que le preocupa a Zuleima Villalba.

TOCANDO PUERTAS: Cientos de venezolanos luchan por acercarse al Centro Cristiano en Cúcuta, Colombia, donde representantes de las Naciones Unidas repartían bonos de comida.
Credit Tim Padgett / WLRN.org

Villalba llegó a Cúcuta proveniente de Maracay, Venezuela -a casi 500 millas de la frontera- con su esposo y sus tres hijos pequeños. Sujetando a uno de los niños en brazos, se las arregla para enseñarme los audífonos para celulares que la familia vende en las calles de Cúcuta para poder comer y pagar la renta diaria de un pequeño cuarto cerca del aeropuerto.

Pero no es suficiente. Secándose las lágrimas, Villalba dice que tiene miedo que la familia va a terminar pronto durmiendo en las calles, como ya lo hacen miles de venezolanos en Cúcuta estos días.

"Abandonas tu vida y tu casa para venir acá y esto es lo que enfrentas" dice ella en una voz tan desgastada como su cara. "Pero volver a casa no es una opción tampoco."

Esta es la primera  parte de la serie "Escape de Venezuela." Lea la segunda parte aquí. Lea la tercera parte aquí. 

Eso es porque en Venezuela hay todavía menos que lo que pueden conseguir en las calles de Cúcuta - o como dice Villalba: "Ya no hay." No queda nada. "No hay comida, no hay medicinas," dice ella. "Y aún si puedes conseguir esas cosas, no puedes pagarlas."

Villalba y su esposo, un mecánico de oficio que vio su salario desaparecer por la hiperinflación, decidieron salir de Venezuela porque sus hijos estaban tan bajos de peso que enfrentaban problemas de salud. El venezolano promedio perdió 24 libras en el último año debido a la catástrofe económica causada por el colapso de los precios del petróleo y la mala administración del régimen socialista autoritario.

La crisis humanitaria ha desatado una ola de inmigración. Para finales de este año, se estima que tres millones de personas -la décima parte de la población- habría dejado Venezuela en el éxodo desde el 2015. La mayoría se ha volcado a países vecinos como Brasil - y especialmente Colombia.

Cada día, una corriente interminable de alrededor de 20,000 personas cruza el Puente Internacional Simón Bolívar hacia Cúcuta. Algunos vienen por comida y luego regresan a Venezuela. Otros siguen en su camino hacia países como Ecuador. Pero alrededor de 5,000 de ellos se quedan en Cúcuta. Son indigentes como Elio Merciett, un vendedor de electrodomésticos de Barquisimeto, Venezuela.

Merciette llegó a Cúcuta hace tres meses pero todavía duerme entre cajas de cartón en una plaza cerca del cruce fronterizo. Muchas veces le roban lo poco que llega a ganar en trabajos a destajo.

"Yo fui el último hombre de mi barrio en salir del país," dice Merciett. "Si me regreso ahora, mi esposa y mi hijito se apenarían de mí."

"La gente que ha llegado más recientemente son los que están en la peor situación," dice Ricardo Suppo, un coordinador del Programa de Alimentos de las Naciones Unidas en Cúcuta y quien se dice alarmado por la condición de los venezolanos que está viendo.

"Niños con enfermedades en la piel, con el pelo que se vuelve amarillo, perdiendo color, perdiendo cabello," dice Suppo. "Estos son las primeras señales de desnutrición. Y lo estamos viendo cada vez más. Ahora si hemos tocado fondo. Este es el escape de los desesperados."

Aún así, las Naciones Unidas no han declarado oficialmente el éxodo desesperado de venezolanos como una crisis de refugiados, lo que podría ayudar a elevar el perfil global de la situación. El organismo sí urgió a los países que están recibiendo venezolanos a concederles ciertas protecciones tradicionalmente otorgadas a refugiados, como son el acceso a cuidados de salud, empleo y protección contra la deportación.

Un hombre con un cartel de "Se compra cabello" grita para atraer clientes en la frontera, mayormente venezolanas que cruzan hacia Cúcuta.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

Pero representantes de la ONU admiten que tienen muy pocas referencias históricas para una calamidad de este tipo - y no saben cómo definirla. No es una crisis de refugiados creada por desastres naturales o por una guerra, como en Siria. Pero es mucho peor que migración económica.

"Yo prefiero llamarlo una crisis de desplazados," dice Jozef Merkx, jefe de operaciones en Colombia de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Pero agrega: "Nosotros reconocemos que aquí hay una dimensión de refugiados."

ACNUR ha solicitado a la comunidad internacional ayuda por casi $50 millones para los refugiados venezolanos. Estados Unidos ha contribuido ya con $2.5 millones y puede llegar a dar hasta $10 millones más. Pero Merkx dijo a WLRN en Bogotá que apenas han logrado recaudar un tercio de los fondos que necesitan.

"Definitivamente necesitamos más recursos," dijo - y esa es la razón por la cual ACNUR Colombia ha expandido su red y se alista a lanzar muy pronto una insólita campaña en línea pidiendo a donantes privados que ayuden a los venezolanos.

"Es una oportunidad," dice Merkx, "de contribuir a una especie de red de seguridad para los más vulnerables."

TIJERAS AMENAZADORAS

Pero expatriados del Sur de la Florida - donde reside la comunidad más grande de venezolanos en Estados Unidos - argumenta que las Naciones Unidas podría tener más acceso a ayuda su declara esta una crisis de refugiados. Grupos como la Coalición Internacional para Venezuela están haciendo lobby por ella, dice Rafael Moros, un venezolano que trabaja como asistente de abogado en Miami.

"Es una situación crítica," dice Moros. "Allá están luchando para sobrevivir -haciendo loq ue sea. Niñas de 13, 14, 15 años se están prostituyendo y eso es algo terrible."

Desafortunadamente, Moros no exagera.

Una de las primeras cosas que escuchan las mujeres venezolanas que cruzan hacia Cúcuta es hombres gritando "Compramos cabello!”

DE CORTES DE PELO A CAMINAR LAS CALLES: Efectivos de la policía de Cúcuta, Colombia, transportan a un grupo de mujeres venezolanas acusadas de prostitución hacia la frontera para ser deportadas de vuelta a su país.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

Los fabricantes de pelucas le pagan a las mujeres venezolanas un poco más de $10 por su cabello. Eso es bastante menos de lo que recibirían en cualquier otra parte de Colombia. Pero ellas lo aceptan porque necesitan el efectivo.

Estos fabricantes de pelucas saben que lo que están haciendo no es muy ético. Cuando traté de filmar a una mujer colombiana cortándole el cabello a una venezolana en una plaza cerca del cruce fronterizo, ella llamó a un par de matones y me ordenó que dejara de filmarla.

Ella tenía unas tijeras en su mano, así que no me negué. Aún así, Cúcuta es una pequeña ciudad y su propia economía se ha visto afectada por el colapso de sus vecinos venezolanos. No hay trabajo suficiente para absorber a los recién llegados, así que una vez que se les acaba el dinero que recibieron por su cabello, muchas mujeres venezolanas optan por las calles.

Esto incluye a Yureli Suárez, madre soltera de 19 años. Cuando la policía colombiana llevó a Suárez y a un grupo de prostitutas venezolanas a rastras hasta la frontera este mes, ella prometió estar de vuelta en Cúcuta pronto.

"Yo trabajaba en una panadería en Venezuela pero no había suficiente dinero para comer," dice ella. ""Voy a volver a Cúcuta porque es una única manera de ayudar a mi familia ahora. Si no lo hago, ellos se pueden morir."

Pero la mayoría de los venezolanos en Cúcuta están en las calles vendiendo otras cosas, desde cigarros hasta empanadas. Junior Aranda y su familia forman parte de este grupo, a pesar de tener títulos profesionales.

"Yo soy ingeniero de petróleo, antes trabajaba en las plantas de gas de Petróleos de Venezuela," dice Aranda, mientras se saca del bolsillo los documentos de trabajo que usualmente lleva consigo.

Junto a él está su esposa, Fátima, quien es veterinaria. Y su madre, una ingeniero de computación; su tia, psicóloga infantil y su hermana, estudiante de Arquitectura. La familia decidió juntar los pocos ahorros que les ha dejado la hiperinflación y salir de Venezuela este mes, después de que los hijos gemelos de Aranda y Fátima contrajeron sarampión porque las vacunas ya prácticamente no existen en el país.

Más tarde me llevaron al pequeño y oscuro apartamento de una habitación donde viven en Cúcuta. La familia entera - 13 personas en total- viven allí, compartiendo varios colchones.

"NO VIVIMOS ASI USUALMENTE" El ingeniero de petróleo Junior Aranda (izq.) y siete de los 12 familiares con los que vive en un apartamento de una habitación en Cúcuta.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

"Duele mucho perder una buena carrera y verte reducido a esto," dice Aranda, agregado que la familia está tratando de usar sus talentos en Colombia o en otros países como Perú o Ecuador, una vez que puedan recaudar el dinero para el viaje. "Pero yo tengo fe en Dios y en mi esposa de que vamos a salir de esto."

Un poco más tarde su esposa me susurra, implorando, "por favor, no crea que así es como nosotros vivimos usualmente."

No es sorprendente saber que ninguno de ellos planea estar en Venezuela para votar en las elecciones presidenciales del 20 de mayo, que la mayoría de la comunidad internacional rechaza como una farsa del régimen socialista.

¿Y en cuanto al bono de alimentos que familias como los Aranda estaban contando con recibir? Las Naciones Unidas tuvieron que suspender el programa. Las multitudes eran demasiado abrumadoras.

Manuel Rueda contribuyó con este reporte.

Traducción de Teresa Frontado.