Escape de Venezuela: Expatriados en Sur de Florida evaden el régimen para enviar dinero, medicinas

Jun 1, 2018

CÚCUTA, COLOMBIA | No es fácil para Jesús Mendoza hablar de todas las cosas que ha tenido que vender para comprar medicinas - medicinas que lo mantienen con vida.

Jesús recibió un transplante de riñón y tiene que tomar medicinas para no rechazar el órgano, sin importar cuánto cuestan. Y como Jesús vive en Venezuela, el precio es frecuentemente astronómico.

Esta es la segunda parte de la serie "Escape de Venezuela."Lea la primera parte.

El colapso económico del país, una combinación desastrosa de contracción económica e hiperinflación, ha hecho que medicinas inmunosupresoras como micofenolato y ciclosporina hayan virtualmente desaparecido del país.

Y cuando sí logran encontrarlas, pacientes como Jesús van directamente a la casa de empeños.

"Tuve que vender mi anillo de matrimonio," dice Jesús, bajando la mirada mientras la melancolía se refleja en su cara. "Mi esposa estuvo de acuerdo. Me dijo que la salud no tiene precio."

Su esposa, la Dra. María Eugenia de Mendoza, es nefróloga, o especialista de riñón. (Así fue como se conocieron). Ella ve cada día a muchos pacientes en la misma situación que su marido - a veces peor.

"Es la primera vez en mi carrera que veo a gente morir por rechazar un riñón transplantado," dice ella. "Por lo menos cinco casos que yo sepa en los últimos años. Está directamente relacionado con la falta de medicinas."

Venezolanos esperan para cruzar la frontera hacia Colombia.
Credit Ariana Cubillos / AP via Miami Herald

La pareja vive cerca de la frontera occidental del país, así que frecuentemente cruzan hacia Cúcuta, la ciudad colombiana donde miles de venezolanos llegan cada día escapando de la crisis en su país.

Como Jesús, muchos de ellos vienen por medicinas y tratamientos que ya no se consiguen en Venezuela. Pero inclusive en Cúcuta, los precios de las medicinas pueden ser exorbitantes para los venezolanos y su moneda ya sin valor, el bolívar. La situación hace que Jesús se sienta "como un niño sin dinero, con la cara contra el vidrio de la tienda de dulces," dice.

MAS: Escape From Venezuela: Refugees Banging on Doors for Food - and World's Attention

Pero las noticias acerca de estos llamados refugiados médicos en Cúcuta han llegado al Sur de la Florida - donde vive la comunidad de venezolanos más grande en los Estados Unidos - y a oídos de expatriados y organizaciones no gubernamentales como Cuatro Por Venezuela.

En un depósito ubicado cerca del Aeropuerto Internacional de Miami, voluntarios de Cuatro Por Venezuela empacaban recientemente cajas de medicinas donadas - incluyendo inmunosupresores para pacientes con transplantes - para ser enviadas discretamente, como ya es costumbre, a Venezuela.

"No podemos ayudar a todo el mundo, pero es un hecho que los que sí estamos ayudando estarían muertos si no fueran por estas medicinas," dice Adelys Ferro, coordinadora de Cuatro Por Venezuela.

Pero Ferro también está cambiando su estrategia. Por primera vez, le está pidiendo a los transportistas que llevan su carga secreta - aquellos que saben cómo navegar los complicados procesos en las aduanas venezolanas - que desvíen algunas de las medicinas hacia Colombia.

"Que haya refugiados venezolanos es algo que hubiéramos soñado ni en nuestras peores pesadillas, pero esto es lo que tenemos que hacer ahora," dice Ferro. "Así que ahora estamos enviando parte de nuestros donativos a Cúcuta."

Y a Jesús Mendoza. En un café en Cúcuta, me enseña las pastillas de micofenolato que recibió recientemente a través de Cuatro Por Venezuela. Y trata de contener sus lágrimas.

"Aquí tiene," me dice. "Esto trae un poco de luz al hecho de ser venezolano."

Una voluntaria de la organización sin fines de lucro Cuatro por Venezuela empaca medicinas que serán enviadas a Venezuela - a Colombia.
Credit Tim Padgett / WLRN.org

Estas pastillas también representan un cambio importante en cómo la diáspora venezolana en el Sur de la Florida está enfrentando la crisis en su país. Muchos expatriados y organizaciones de caridad están dirigiendo una porción de sus envíos de comida, ropa, medicinas y artículos de higiene personal a lugares fuera de Venezuela como Cúcuta - simplemente porque hacia allí es donde tantos venezolanos enfilan sus pasos.

Para finales de este año, se estima que tres millones de personas - la décima parte de la población - habría dejado Venezuela en el éxodo desde el 2015. Cerca de 700,000 se han establecido sólo en Colombia. Los Estados Unidos recibe más peticiones de asilo por parte de venezolanos que de ninguna otra nacionalidad.

Y la mayoría culpa a un solo hombre: el presidente autoritario y socialista de Venezuela, Nicolás Maduro, quien el domingo afirmó que había ganado la reelección en  unas votaciones calificadas como fraudulentas por la mayoría de la comunidad internacional.

"El es culpable de actos criminales," dice el estudiante universitario venezolano José Nuñez. "Está dejando que la gente se muera."

Nuñez, quien divide su tiempo entre Venezuela y Cúcuta, se refiere a la negativa del presidente Maduro de aceptar ayuda internacional en Venezuela - mayormente porque él niega que siquiera existe una crisis.

ADUANAS CORRUPTAS

Entretanto, más y más de la ayuda que los expatriados venezolanos envían a Venezula está siendo confiscada por oficiales de aduanas corruptos. Como resultado, Nuñez cree que está emergiendo un nuevo paradigma para la ayuda.

"¿Cuál es la manera más eficiente de ayudar a los venezolanos?," pregunta. "La gente debería más bien enviar la ayuda fuera del país."

La tía de Nuñez en Miami, por ejemplo, ya no envía dinero o paquetes para él y su madre a Venezuela, donde el sistema de cambio absurdo merma los pocos fondos que pueden llegar. Los fondos, los paquetes - todo va ahora directamente a Cúcuta.

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Refugiados y emigrantes venezolanos hacen fila para entrar a una oficina de Western Union en Cúcuta, Colombia, para recoger dinero enviado por amigos y familiares.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

Inclusive aquellos venezolanos que no han escapado de su país encuentran más fácil pasar de contrabando la ayuda en la frontera con Colombia que tratar de hacerla llegar por los puertos y aeropuertos venezolanos. Nuñez mismo sirve de emisario para muchos de sus amigos en Caracas. Esto lo hace parte de un nuevo sistema que enoja al régimen del presidente Maduro.

"Ellos no están recibiendo ninguna ‘comisión,’" explica Nuñez. "De esta manera puedes evitar que el gobierno de Venezuela le eche mano a ese dinero."

Y como se ha vuelto más difícil que nunca conseguir una visa para venir a los Estados Unidos, hasta para profesionales con títulos universitarios, muchos de ellos están dirigiendose hacia Colombia -o pasando a través de ella.

"Sí , es realmente imposible en estos momentos conseguir la visa [estadounidense]," dijo el emigrante venezolano Albert Martínez mientras esperaba en fila para entrar a la oficina de la Western Union en el centro de Cúcuta este mes. "Es más fácil irse a Lima."

Martínez, un ingeniero de computación de Barquisimeto, Venezuela, se dirigía hacia Lima, Perú. Pero le había pedido a amigos expatriados en los Estados Unidos que por favor le enviaran a Cúcuta ayuda para el pasaje de autobús y los gastos de viaje - una decisión que demostró ser la correcta cuando cruzó a Colombia esa mañana. A cambio de dejarlo pasar, dijo Martínez, los guardias fronterizos venezolanos le quitaron todo el dinero que había logrado ahorrar de su menguado salario.

"Yo gano 3 dólares al mes [en bolívares]," dijo Martínez. "Así que es muy triste."

Todo esto ha creado una demanda entre expatriados venezolanos por servicios de carga y transporte a Colombia - como la compañía Rumbos Express en Miami, que clientes colombianos han recomendado a amigos venezolanos.

"Yo estaba realmente sorprendido por el número de clientes venezolanos que estoy recibiendo," dice el dueño de Rumbos Express, Ederlys Penate, nacido en Cuba. "Hasta que comencé a oír lo grave que es la situación."

La expatriada venezolana Lili Moros (izq.) posa junto a su esposo, Rafael Moros, en su residencia en Miami.
Credit Tim Padgett / WLRN.org

Uno de sus nuevos clientes es la venezolana Lili Moros - quien ahora envía regularmente ayuda a Cúcuta para su hermana en Venezuela.

"La otra noche ella me llamó de Venezuela muy estresada porque había visto a una familia buscando comida en un basurero," dice Moros. "Ella me dijo, 'Lili, ¿y si mañana esa es mi familia?"

Moros sabe que también los refugiados venezolanos en Colombia frecuentemente deben escoger entre pagar por comida o por cobijo. Su hermana apenas puede ganarse la vida como farmaceuta, está criando sola a cinco hijos, y está a punto de mudarse al otro de la frontera a Cúcuta. Así que Moros ha decidido subsidiarle la renta.

"Cúcuta es su futuro porque no hay más futuro en Venezuela," dice Moros. "Tenemos que hacer lo correcto."

En Cúcuta, la hermana de Moro - su nombre es Yecsy Terán - busca apartamentos accesibles cerca del parque Santander junto a su hijo. Ella hizo la siguiente observación:

"Imagínate lo que es para los refugiados venezolanos aquí que no tienen algún familiar en el extranjero que les pueda enviar ayuda."

La venezolana Yecsy Teran y su hijo José se toman un descanso de la búsqueda de apartamento en el Parque Santander, en Cúcuta.
Credit Tim Padgett / WLRN.org

La respuesta más simple es: Sí, es muy duro. Pero para la mayoría no es tan duro como la vida en Venezuela. Por eso es que siguen viniendo a Cúcuta, y es la razón por la que un número creciente de expatriados están desviando la ayuda hacia Colombia, Brasil y otros destinos donde llegan refugiados venezolanos.

Esta es también la razón por la que pacientes que han recibido transplantes de órganos como Jesús Mendoza esperan que los esfuerzos de la comunidad de venezolanos en el exterior esté avergonzando al régimen venezolano. Por mucho tiempo ello se ha negado a permitir que medicinas inmunosupresoras de la Organización Panamericana de la Salud se distribuyan en el país.

El régimen finalmente dio luz verde para la distribución de estos medicamentos en Venezuela este mes.

Traducción de Teresa Frontado.

Part 1: El éxodo de los desesperados