Escape de Venezuela: ¿Han olvidado los colombianos que ellos también fueron refugiados alguna vez?

Jun 1, 2018

CÚCUTA, COLOMBIA | La casa de Angélica Lamos es uno de los pocos lugares en Cúcuta donde se puede oir a los niños refugiados venezolanos reír en vez de llorar. De hecho, los niños chillan de placer jugando con globos en el patio de la casa mientras el ritmo alegre de una cumbia se cuela desde el café de la esquina.

No están desnutridos. No están enfermos.

La espaciosa casa de Lamos en el barrio cucutano de La Ermita, no muy lejos de la frontera entre Colombia y Venezuela, perteneció a su padre. Hoy en día es un albergue llamado Humildad Extrema, y sirve de hogar para una docena de familias venezolanas que han llegado a esta ciudad escapando de la catastrófica crisis económica causada por el gobierno socialista autoritario del vecino país.

Esta es la tercera parte de la serie "Escape de Venezuela." Lea la primera parte aqui. Lea la segunda parte aqui.

Para Lamos, el nombre del albergue es un recordatorio de que ella también está pagando una deuda.

"Yo me acuerdo cómo Venezuela nos abrió las puertas a mí y a mi familia hace muchos años," dice Lamos. "Cuando no teníamos nada."

Hace 15 años, Lamos y su familia eran dueños de una hacienda de 15 acres al norte de Cúcuta. Pero la feroz guerra civil colombiana continuaba y su familia fue una de las muchas que fue puesta en peligro por la violencia predominante.

Guerrillas izquierdistas y paramilitares derechistas trataron en repetidas ocasiones de tomar su hato. Pero cuando los paramilitares llegaron a reclutar a su hijo de 13 años, la familia de Lamos dejó todo atrás para escapar hacia Barinas, Venezuela.

"No conocíamos a nadie," recuerda Lamos. "Pero nos dieron trabajo, nos dejaron hacer una vida allá. Eso nos salvó."

Pero la situación volvó al revés hace unos años. Cuando decenas de miles de refugiados venezolanos desesperados comenzaron a escapar hacia Colombia cada día, Lamos regresó a Cúcuta. Y por apenas $1 de renta al mes por familia, le abrió sus puertas a estos nuevos emigrantes y refugiados, muchos en condiciones desesperadas.

Miles de venezolanos cruzan la frontera hacia Colombia al amanecer, siguiendo las instrucciones de efectivos policiales y del Ejército de Colombia.
Credit Policia Nacional de Colombia

Cada día, Lamos se asegura de que sus huéspedes estén bien. Como Lilibel Rangel de Mérida, Venezuela - quien dice que la cocina portátil que usa estos días en su habitación no es como la estufa que tenía en su casa, pero por lo menos en Cúcuta puede cocinar la comida que ya no podía conseguir para sus hijos en Mérida.

"Para nosotros," dice Rangel, "Angélica es la diferencia entre dormir en una cama o dormir en la calle."

Más (en inglés) : Escape From Venezuela: Banging on Doors for Food - and World's Attention

Por un tiempo, el resto de Colombia fue tan generoso con los venezolanos como Lamos.

Pero eso está cambiando.

Cerca de 700,000 venezolanos han llegado a Colombia en los últimos años - creando problemas sociales y económicos. En Cúcuta, médicos reportan que los venezolanos refugiados han aumentado la carga de pacientes en salas de emergencia en un 20 por ciento.

Mientras cientos de venezolanos esperaban a las afueras de una iglesia en Cúcuta en mayo para recibir ayuda de las Naciones Unidas, colombianos como Andrea Peña miraban con rabia.

"¡Los venezolanos se están llevando toda la ayuda!," gritó Peña, quien es madre soltera. "¡Y los colombianos quedamos por fuera!"

No sorprende que las deportaciones de inmigrantes venezolanos se hayan vuelto comunes en Cúcuta. Victor Colmenares, de 20 años, formó parte de un grupo de venezolanos expulsados durante el mes de mayo por trabajar ilegalmente como vendedor callejero.

"Venezuela ayudó a muchos países cuando éramos ricos," dijo Colmenares a WLRN mientras salía de Colombia. "¿Por qué no pueden darme una oportunidad ahora?"

Colmenares fue deportado porque no tenía permiso de trabajo. Hasta hace algunos meses, Colombia emitía estos tipos de documentos para los venezolanos sin mayores trabas, pero ahora, por ejemplo, las tarjetas de entrada para los venezolanos en la frontera están suspendidas.

De hecho, el miedo a que el colapso del vecino venezolano afecte a Colombia impulsó la candidatura del conservador Iván Duque en la primera ronda de las elecciones presidenciales colombianas del domingo 27 de mayo. De hecho, él dio uno de los discursos finales de su campaña en Cúcuta.

El aumento de los sentimientos anti-venezolanos en Colombia es la razón que motivó una reciente campaña contra la xenofobia por parte de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en ese país.

"Estamos viendo más discriminación," dijo Jozef Merkx, quien dirige las operaciones de la ACNUR en Colombia, en una entrevista con WLRN desde Bogotá.

"Mucha gente dice 'los venezolanos están viniendo a robarnos nuestros trabajos. Las mujeres venezolanas se meten todas a prostitutas.' Hay prejuicios y por eso le estamos pidiendo a los colombianos que entiendan por qué los venezolanos están viniendo a su país," dice Merkx.

Policías colombianos deportan a venezolanos detenidos por vender ilegalmente en las calles de Cúcuta.
Credit Fernando Vergara / AP via Miami Herald

Pero quizás el mensaje más importante que la campaña de las Naciones Unidas quiere esparcir es el siguiente: "Por muchos años, los colombianos estuvieron en Venezuela," dice Merkx. "Así que el tema de la reciprocidad es importante."

Este es un hecho difícil de ignorar para los colombianos. Por generaciones, su país estuvo atormentado por una guerra civil - que apenas terminó hace unos años - narco violencia y una desigualdad deplorable. Como resultado, muchos colombianos emigraron en masa a Venezuela.

DE TURISTAS A REFUGIADOS

El propio pasado de Colombia como país de refugiados no se olvida fácilmente en el Sur de la Florida, donde residen la mayor cantidad de venezolanos y colombianos en los Estados Unidos.

"Los venezolanos enfrentan la misma realidad que enfrentamos los colombianos cuando llegamos a Venezuela," dice Fabio Andrade, expatriado colombiano que lidera la organización sin fines de lucro Americas Community Center en Weston. Gran parte del trabajo que hace su grupo es conectar negocios, y Andrada pasa gran parte de su tiempo ayudando a venezolanos recién llegados al Sur de la Florida.

El sabe que ahora en su país, "los colombianos están viendo con desprecio a los venezolanos" - pero él no quiere que eso pase en Estados Unidos. Tampoco lo desean venezolanos en el exterior como Rafael Moros, originario de Capacho, al otro lado de la frontera con Cúcuta, y quien trabaja como asistente legal en Miami,

"Cuando era joven, nosotros íbamos para Colombia como turistas, a comer en los restaurantes, a comer comida colombiana y a comprar productos de cuero porque nuestra moneda era fuerte," dice Moros. "Pero ahora los venezolanos somos refugiados."

Alvaro Geles se convirtió en uno este mes.

Conocí a Gelves cuando él entraba a Colombia por Cúcuta - cruzando el Puente Internacional Simón Bolívar, que recientemente ha visto flujos de hasta 20,000 venezolanos al día. Gelves es un experto en logística industrial de Valencia, Venezuela, adonde sus padres emigraron hace 40 años. Hoy en día es casado y con bebé de 8 meses que alimentar. Así que decidió hacer el mismo viaje que hicieron sus padres - en reverso.

"Yo nunca entendí las frustraciones de mis padres hasta este momento," me dijo Gelves. "Tengo compañeros de trabajo en Venezuela que no comen sino arroz blanco como almuerzo cada día."

Pacientes, muchos de ellos venezolanos que no pueden conseguir medicamentos o tratamientos en su país, esperan en la Sala de Emergencias del Hospital Erasmo Meoz en Cúcuta.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

En el cruce también estaba Elsa Sanguino, maestra venezolana, quien reflexionaba sobre el colapso de su país, que posee de una de las reservas de petróleo más grandes del mundo y que antes era uno de los países más ricos de América Latina.

"Es muy humillante para los venezolanos tener que venir para acá en estas condiciones," dice Sanguino. "Para una madre que no tiene con qué comprar leche o pañales porque no tiene dinero -o aún cuando tiene el dinero no puede conseguirlos - es humillante."

La situación es especialmente embarazosa para los que son profesionales. Hace tres meses, Rebeca Prieto trabajaba como ingeniero de petróleo en Maracaibo, Venezuela. Hoy en día cuida niños en Cúcuta a cambio de un salario que es apenas un tercio del salario mínimo colombiano. Sus patronos se pueden dar el lujo de pagarle mucho menos porque ella tiene necesidad del dinero.

"No es la situación perfecta, pero está OK," dijo Prieto durante una reunión con otros emigrantes profesionales venezolanos celebrada en Cúcuta en mayo. "Tengo comida y tengo techo. Cualquier cosa es mejor que vivir en Venezuela."

En Bogotá, Jonathan Caldas siente lo mismo. Desde que dejó Venezuela, no hace mucho tiempo, abrió una barbería llamada The Kingsman (El Regente) - un eco a la inversa de la historia de sus padres. En 1976 ellos huyeron de Colombia y terminaron poniendo una red de barberías y salones de belleza en Puerto Ordaz, Venezuela.

"Mi madre me dijo que ella estuvo llorando por dos años porque sentía que los venezolanos no querían a los colombianos entonces," dice Caldas.

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El barbero venezolano Jonathan Caldas le corta el cabello a un cliente en su barbería en Bogotá.
Credit Manuel Rueda / For WLRN.org

Eventualmente los Caldas se sintieron bienvenidos y sus tiendas se convirtieron en centros importantes para otros refugiados colombianos, lugares donde podían encontrar trabajo y sentirse acompañados. Eso es lo que The Kingsman se ha convertido para Jonathan Caldas y otros venezolanos refugiados en Bogotá (sin contar con que es también el sitio donde los jóvenes van a cortarse el cabello como sus ídolos reggaetoneros).

"Es la misma historia," dice Caldas, "pero en tiempos diferentes."

Es también un recordatorio de la historia compartida entre Venezuela y Colombia. A principios del siglo XIX, fueron parte del mismo país, una república conocida como La Gran Colombia. En esos días, fue la victoria sobre el imperio español lo que unió sus destinos. Hoy, es la tragedia del escape de Venezuela que está uniendo sus fronteras de nuevo.

Manuel Rueda contribuyó con este reporte.

Traducción de Teresa Frontado.

Part 1: El éxodo de los desesperados

Part 2: Expatriados en Sur de Florida evaden el régimen para enviar dinero, medicinas